Semana Santa, los crucificados de la historia

La Semana Santa en Castilla y León expresa el carácter y la religiosidad de un pueblo. Así las celebraciones litúrgicas con su austeridad llegan a desbordar los templos y salen a las calles y plazas de nuestras ciudades y pueblos. Las procesiones no son otra cosa que una manifestación pública de fe que convertida y reducida exclusivamente en reclamo turístico pierde su secreto más hondo y su más genuino atractivo. Pierde su identidad, vigor y aliento.

Reducir la Semana Santa a un mero consumo de belleza sin mirar cara a cara su motivación es como querer tener un árbol sin raíces, se muere pronto. Recordemos que Gregorio Fernández antes de trabajar se postraba en profunda oración. O recordemos cómo el vallisoletano Miguel Delibes nos ofrecía una clave para vivir la Semana Santa con las siguientes palabras: “En la Semana Santa castellana… todo se desliza en una penumbra que amansa los nervios, mientras que por encima de las cabezas sopla una racha de trágica paz. Es silencio, recogimiento, conciencia íntima y dolorosa del Gran Sacrificio”. La Semana santa también empuja a mirar cara a cara a los crucificados de la historia, a los apaleados que están en la cuneta de la historia, a los esclavos de hoy en día.

Una Semana Santa en la que este año coincide el Domingo de Resurrección con el 16 de abril, Día contra la esclavitud infantil. Un día en el que la esperanza en la resurrección nos anima a luchar contra las causas del hambre, el paro y la esclavitud infantil. Ejemplos como los de Iqbal Masih, niño, esclavo, cristiano y asesinado ese día, nos ayudan a seguir su ejemplo de lucha.

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