Julián Gómez del Castillo, converso militante (en el X aniversario de su muerte)

jgdc-01El día 28 de octubre el MCC de Castilla y León celebró en el Centro de Espiritualidad de Valladolid, un homenaje a Julián Gómez del Castillo, en el X aniversario de su muerte. En el acto, Don Luis Argüello, obispo auxiliar de Valladolid y Javier Marijuan, militante del Movimiento Cultural Cristiano, presentaron los rasgos principales de la vida de Julián y los retos que su testimonio nos plantea hoy.

Javier nos habló de Julián Gómez del Castillo, como un converso, que rompe con el cristianismo de tradición y que fue capaz, junto con otro ramillete de conversos, de crear puentes entre la Iglesia y los pobres, la clase obrera, durante la dictadura en España.

Julián nace en una familia de militantes socialistas, en la que las hijas son bautizadas y los hijos no. Es una familia pobre en la que aprende de su padre lo que es la militancia y la solidaridad entre los pobres con una vida completamente entregada. Es en Valladolid donde, en su juventud, se acerca a la Iglesia y es bautizado. A partir de ahí, los pilares de su vida serán Cristo, la Iglesia y los pobres.

julianyrovirosaPara Julián fue fundamental el encuentro con Guillermo Rovirosa, hoy en proceso de beatificación, con él descubrirá la importancia del protagonismo laical que ha de ser semilla de transformación del mundo, y vivido desde la caridad política. Juntos, con su tarea apostólica combaten el paternalismo social que muchas instituciones de la Iglesia practican. Solo les vale que los pobres sean los protagonistas de su vida. Por eso se entregan a la tarea de la formación de los militantes cristianos pobres que por su fe que se convierten en luchadores esperanzados, en un mundo de encrucijadas.

Don Luis conoció a Julián al inicio de los años ochenta, en un pequeño pueblo de Salamanca, donde acudió a una “Semana de la Justicia” que organizaba un sacerdote. Aquel hombre era Marcelino Legido, que ha fallecido hace unas pocas semanas. Esas jornadas fueron para Don Luis una fuerte llamada a la conversión y a la vocación.

En aquellos momentos España está viviendo el final de la transición, con el comienzo del primer gobierno socialista dirigido por Felipe González. En la Iglesia se cumplen veinte años del Concilio Vaticano II y se inicia el pontificado de Juan Pablo II, cuyo magisterio va a marcar el quehacer de Julián y su tarea en el nacimiento del Movimiento Cultural Cristiano.

Es en el contexto en que el Papa va desarrollando su magisterio en el que surge el Movimiento Cultural Cristiano: la Laborem Exercens, el Sínodo de la Familia, el inicio de las catequesis de los miércoles sobre de la Teología del cuerpo, la exhortación Reconciliatio et Paenitentia, y sobre todo la Solicitudo Rei Socialis, con la descripción por parte del Papa de la estructuras de pecado, son fundamentales para que el MCC se vaya construyendo como una familia de familias, que vive la misión intentando formar equipos militantes de por vida y con una propuesta formativa que quiere hacer carne todo este magisterio.

jgdc-02En este proceso Julián plantea como puntos clave la conversión a Cristo y la vida militante frente al voluntariado. Es desde ahí, desde donde buscar la raíz de los problemas del mundo y su solución, que tiene que ver con la conversión en un combate espiritual, con el que afrontar el imperialismo y el mundo en guerra en que vivimos. Todo esto siempre desde la Iglesia, una Iglesia que propone, que anuncia y que es esperanza.

Por último, Don Luis planteó la importancia de la Doctrina Social de la Iglesia y sus principios de Solidaridad, Justicia, Subsidiariedad, bien común,…. Y la presentó como la dimensión de la vida eclesial más desconocida y menos vivida y que hunde sus raíces en el Evangelio y en los Santos Padres.

¿Quien la encarna, la vive, la acoge, la ofrece en el reto político, social, cultural,….? Son necesarios movimientos formados por hombres y mujeres que en el corazón cultiven las virtudes de la pobreza humildad y sacrificio y que desde sus señas de identidad vivan la caridad política afrontada en la plaza pública. Hombres y mujeres que acojan el reto de la vida misionera que nos lanza el Papa Francisco, que luchen contra la cultura de la indiferencia, del descarte, que combatan la economía que mata y que vivan desde el Evangelio de la misericordia, la cultura del encuentro, y la conversión desde la verdad y la justicia.

Finalmente el acto terminó con un breve dialogo entre los asistentes.

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